En cada rincón...un submundo...

domingo, 21 de mayo de 2017

Una puta loca del coño...

No podía más... estaba irritada de tanto pensarte... disfrutarte y provocarte... tacones, minifalda y escote, con el punto justo de maquillaje.. y unas cuantas copas... vestida y arreglada para una noche de guerra ideal, a la par que caliente y ansiosa de rabo a rabiar. 

Escruto el ambiente, varios tíos buenos a la vista, ó no tan buenos, pero de los que a mi me hacen gracia. Soy rara hay buenorros que no me dicen nada y otros que no lo están tanto que me ponen a 1000; lo de ponerme a 10000 solo se reserva a alguno y para éso tiene que hacer méritos. La mojigata es la novia de aquel, la otra del segundo, ahí hay uno solo... puede parecer cruel, pero cualquier mujer que se tenga en buena estima, sabe que es ella quién ha de decidir quién va a ser su presa ésa noche, y yo estoy tan segura de mí misma que a veces me doy miedo. 

Me contoneo frente al de la camisa blanca... no hay nada que me ponga más cachonda que una camisa blanca sobre una piel oscura. Sonrío, y no tarda en comenzar a mirarme de forma sugerente. Algo se me pasa por la cabeza, miro la pantalla del móvil y el coño se me hace agua, igual que los últimos días, no sé de qué me sorprendo. Estoy tan caliente que podría hervir, pero este no es el tio. Vuelvo a la zona barra y mi amiga ya tiene presa. Jadeo, no sé porqué pero lo hago, y bebo sin dejar de mirar la pantalla del móvil. El moreno sexi se acerca, y me propone una copa; no me apetece, al menos con él, no me sirve. Le digo amablemente que no y obviamente le he dejado flipado, le he enviado señales obvias para luego distorsionarlas; no soy así, pero hoy, no debo ser yo...

Me giro, suspiro. No suelto el móvil de mi mano. Estoy tan perra que voy a explotar. Miro hacia el otro lado. Habitualmente los rubios no me dicen nada, pero hoy, ya no sé ni qué es lo que coño estoy buscando; bueno, sí lo sé, pero no me queda a mano. El rubio del polo rosa no está nada mal. Me acerco muy despacio, y rozo mi trasero junto al suyo. No tarda en girarse; le pido disculpas y él se disculpa más (no sé bien porqué... bueno sí, sus ojos clavados en mi escote me proporcionan una información importante...). En ése instante, vuelvo a retroceder, no debe ser un follador, o al menos no debe ser el mejor follador y hoy sólo el mejor me vale. Me relajo, y me giro, despidiéndome amablemente. 

Vuelvo a la barra, un par de chicos quieren ser mis amigos, no están mal, pero paso... si no es para el mejor polvo del mundo, tal vez hoy no es mi noche. Me pido otra copa, me la bebo de golpe, sin dejar de mirar el móvil; voy hacia la pista dónde mi compañera de copas ha encontrado un amiguito y la digo que me voy; obviamente la importa un bledo; y tras dos buses llego a casa. Con el móvil a la vista, por supuesto. 

Sin acabar de abrir la puerta ya llevo los zapatos en la mano, me bajo las bragas por el recibidor y me saco las medias. Me siento en el sofá, frente a la tablet, y coloco un pie sobre cada lado de ella, en la mesita de te. Estoy hecha agua joder. Me quito la parte de arriba y me quedo completamente desnuda. Coloco el móvil recostado sobre el cristal de la mesa y la tablet apoyada en su soporte frente a mí. Te busco, como poseída por una excitación obsesiva y te encuentro, no me resulta difícil, esta acción la practico a menudo.

Jadeo al descubrirte en móvil y tablet a la vez.
Comienzo a acariciar mis labios exteriores, mientras jadeo ligeramente... esto sí... esto es lo que quiero. Noto como la humedad de mi sexo rebosa su hendidura, y es que no puedo estar más cachonda, aunque nada me valga más que esto. Las caricias empiezan a profundizar, mis dedos intuyen la silueta abultada de mi clítoris engrosado y ardiendo. Estoy roja, rozada de tanto follar, pero no puedo parar. 

Mis dedos comienzan a friccionar ligeramente, tu torso me eriza la piel, no puedo soportar tu deseo; y tu forma de follar solo hace que arda por dentro. Gimo del gusto mientras uno de mis dedos hace dibujos en mi entrada, te deseo como nunca he deseado y lo sabes cabrón.

Coche y polla, y que polla, y mi cadera curvada, buscando la textura de mis dedos en ella. Jadeo, rodeo y entro, no puedo más, te quiero tan dentro que me doy miedo a mí misma, que tú me la hinques  hasta el fondo es lo que necesito. Suspiro mientras comienzo a masturbarme dentro, despacio, con cautela. La palma de mi mano, refriega mi clítoris, y los sonido guturales de mi garganta impregnan el salón; no puedo evitar ser ruidosa; pero tampoco me importa serlo. 

Me incorporo, la serie continua en el móvil, tu polla es tan golosa, que no puedo evitar ponerme a salibar. Jadeo, cuándo sin darme cuenta me introduzco un segundo dedo, y es que estoy quemándome por dentro y por fuera. Acelero el ritmo de mis movimientos, sin dejar de salibar, sin dejar de arder. Abro mis dedos en V, buscando profundidad y anchura, estoy completamente dilatada, me estoy volviendo una loca del coño y lo sé, y lo peor es que me encanta. 

Gimo del gusto mientras sigo palmeándome el clítoris, uno de mis dedos roza el techo superior de mi vagina y el segundo el suelo. Lamo y relamo mis labios, como una perra insaciable, mientras siento como justo, estoy tocando donde debo; me conozco tan bien que doy miedo. Curvo la cadera más, gimo, y cada vez me doy más rápido; tan rápido como tú eres capaz de embestir...bestial... brutal y sublime. 


Un tercer dedo invade mi cavidad... no puedo parar de mirar aleatoriamente móvil y tablet. Tu rabo me apunta mientras tu cerebro me domina una y otra vez, estoy descontrolada y lo sé. Gimo del gusto mientras tres de mis dedos me empalan, no cierro los ojos, para sentirte allí. 

Me doy más rápido... los gemidos se entrecortan con gestos de placer....aaaa...aaaa... sigo, cada vez más rápido... tu polla en todas partes... tu forma de follar como quieres... tu necesidad de sexo brutal... jadeo de nuevo... no puedo parar ni un segundo...
Un cuarto dedo... me penetra completamente... mientras mis piernas cada vez más abiertas, a ambos lados de la tablet... susurro tu nombre... mis ojos clavados en tu rabo.. en tu ducha.... y mis manos dilatándome y haciéndome perder el control. 



Por un segundo son tus manos las que me pajean sin tregua ni medida....me dejó llevar mientras tu falo me apunta...terso... duro y me muero por tenerlo entre mis labios. Me estoy partiendo por la mitad, cuándo me doy cuenta que necesito más... es mi mano la que me entra... gimo, jadeo y grito mientras te busco y te rebusco dentro de mi... voy a perder el control entre tu polla y tus "nena".... y lo pierdo... corriéndome como una perra sobre el sofá... sacándome ligeramente la mano para hacerlo... pero sin dejar de masturbarme todo el tiempo.... con tu cuerpo y tu cerebro en mi cabeza... en mi vagina y en el fondo de mi cabeza...


Me he vuelto una puta loca del coño... y lo sabes...

sábado, 11 de febrero de 2017

Un buen recibimiento...

No sé si os pasa a todos, pero tras una semana sin correrme, con la tensión de un nuevo comienzo y después de una aboragíne previa de sexo y masturbación, esta semana estaba apunto de subirme por las paredes. Quizá sea rara, pero soy incapaz de pasar más de 10 días sin un orgasmo en condiciones, aunque por supuesto no siempre se den las circunstancias adecuadas.

Recuerdo muy bien aquello de no metas la polla en la hoya o algo así, bueno, he mentido, obviamente no lo recuerdo bien, pero como yo no tengo polla, al menos como apéndice de mi cuerpo, tampoco le dí mucha importancia. 

Sabía que él me deseaba, de hecho es algo habitual, y no es porque físicamente yo sea una bomba, soy bastante corriente como os he dicho otras veces, pero como también he dicho, creo que la parte más sexual de las personas no reside en su cuerpo, ni siquiera en su sexo, sino en su cerebro, y ahí sí que debo ser diferente a las demás. Nos habíamos observado varias veces, incluso nos habíamos presentado sin necesidad de coincidir. Tal vez sea por ésa habilidad de los que emanamos apetito sexual, pero él me excitaba, y por la forma en que su entrepierna palpitaba cuándo estábamos cerca, era algo mutuo.

No podía más, proceso cerrado y ganas de follar a mansalva. Salí del despacho y allí estaba él. Me dio la enhorabuena por mi logro profesional. Asentí levemente, mientras me mordía el labio inferior, con una caída de ojos digna de un perra en celo y es que en éso de transmitir mis ganas, soy la mejor, además de en otras muchas cosas. Te mordiste el labio de forma inmediata, antes de que me acercase a tu oreja y te invitase a una cerveza, cuándo acabases tu jornada laboral. A mí aun me quedaban unos días para empezarla, pero no pensaba quedarme sola ésa noche. 

La verdad es que no sabía nada de ti, y ni se me había ocurrido pensar que los casados también desean, aunque no quieran follar; y la verdad es que tampoco me importaba, tu forma de mirar era la propia de un follador nato, y lo demás por cínico que resulte decirlo,  me daba igual, no pensaba casarme contigo.

Asentiste; no pude evitar desviar mi mirada a tu entrepierna, justo antes de marcharme con un "te espero abajo". Sabía como tus ojos se habían clavado en mi trasero, que llevaba embutido en un vestido negro ajustado, justo hasta mi rodilla y que quedaba espectacular, con las curvas de mi cuerpo y mustang negros de tacón alto. 

En el bar me pedí una caña, e intenté relajarme. No por tener dudas, de si ibas a ser mi presa este jueves, sino por la semana de infarto que llevaba. No tardaste más de 20 minutos en cruzar la puerta de la cervecería y caminaste decidido a mi encuentro. Ésa seguridad en ti mismo, es la prueba misma de que no me equivocaba en tu capacidad follar. Tus ojos verdes, clavados en los míos y tu manera de caminar, con ése pantalón y esa camisa entreabierta, que hacían juego perfecto con tu piel morena, me ponían tan caliente que tenía que contraer los muslos para no abalanzarme a tu cuello, al menos antes de tantear el terreno, no suelo equivocarme, pero tampoco me gusta hacerlo.

Te pedí una caña, sin preguntarte, estaba tan cachonda, que no iba a haber miramientos. Una conversación rápida, sobre la empresa, sobre mi capacidad, sobre mi posible cambio de domicilio y tu experiencia en ella, fueron los preliminares. Tus ojos miraban mis pechos, los míos tu entrepierna y mi dedo índice recorría tu torso, a la vez que tus manos se apoyaban sobre mis piernas, abiertas ligeramente ante la atención de tu mirada; eran las pruebas que necesitaba para confirmar que mi criterio, tras una semana sin sexo era certero.

Los que me conocéis sabéis que no soy de medias tintas, soy de blancos o de negros. Me acerqué a ti, mientras contenías la respiración y te susurré que mi hotel estaba aquí al lado, y que si seguíamos la conversación desde allí. Dejaste 10€ en la barra, y sin preguntar por la cuenta, me cogiste la mano y me llevaste hacia la puerta. Allí yo marqué el camino, mientras de la mano caminábamos hablando del tiempo y lo que me gustaba la zona costera.

Entramos en el hotel, con la única interrupción de solicitar mi tarjeta en recepción. Subimos al ascensor aun de la mano. Antes de que las puertas se cerrasen te colocaste frente a mí, y agarrándome fuerte por la espalda, abalazaste tu boca sobre la mía. No puedo negar que me moría por comerte la boca y lo que no es la boca, desde el mismo momento que me crucé contigo. 


Nos devoramos, de forma inconstante y ansiosa. Tus manos, recogieron mi vestido a la altura de mi cadera, mientras nos barríamos con la lengua. Nuestras babas, acentuadas por nuestra respiración acelerada y excitada, se fundían entre el hueco de nuestros labios. Comernos era poco, para lo que estábamos viviendo. Las puertas se abrieron. Me bajé el vestido y te dirigí hasta la 102. Metí la tarjeta, mientras tu erección me taladraba el trasero. Entramos a empujones en la habitación. 
Me giré frente a ti, solo para poder notar de nuevo el deseo también en tus ojos.

 Con un siéntate y un leve empujón, te senté en el sofá que acompañaba a la cama. Me arrodillé frente a ti, y comencé a desabrocharte ésa camisa, que tanto favorecía el moreno de tu piel. Desabroché el primer botón de tu pantalón, para evitar que semejante erección permaneciese presionada. Dejé caer un chorro de saliva sobre tu glande, para después lamerlo de manera suave. Echaste la cabeza atrás mientras ya me incorporaba. 

Me desabroché el vestido frente a ti dejándolo caer al suelo, sin quitarme los tacones. No llevaba sujetador. Me saqué el culotte negro de encaje antes que las medias de blonda que me quité después, justo al quitarme los zapatos. Agarrándote de las manos te invité a levantarte. De pie, desnuda frente a ti, comencé a comerte de nuevo la boca, me sabía a gloria, mientras liberaba tu erección, acariciando cada pliegue de tu rabo, duro, caliente, como a mi me gusta, y como yo sabía que sería. 


Tus manos, sujetándome el cuello, mantenían mi rostro fijo en el tuyo; hasta que lentamente, comenzaron a recorrer los perfiles de mi torso, parando primero en mis pechos. Posastes tus manos sobre mis tetas, acariciándolas suavemente, recreándote en mis pezones duros y rosados, excitados por y para ti. Desde ahí, las dirigiste a mi cintura, para después posarlas en mis nalgas. Yo no podía evitar disfrutar de los dobleces de tu falo, duro en cada caricia, y del modo en que tu boca me devoraba ante el juego de mis dedos entorno a ti.

Separando tu boca de la mía, te empujé de nuevo contra el sofá, liberándote del pantalón. De rodillas frente a ti, comencé a mimar como debía al juguete de mis dedos. Mis labios, anhelantes de más del sabor de ésa polla erguida para mí, comenzaron a jugar con tu cabeza. 


Entre mordiscos y caricias escondidas, mi boca succionaba tu sabor; a la vez que mis manos ansiosas de ti, jugueteaban con tu longitud. Jadeabas de tal forma que tus gemidos salían de la habitación. Agarrabas los brazos del sofá con firmeza, mientras yo me deleitaba con el sabor de tu glande en mi boca. 

Me incorporé despacio, y te conduje a sentarte en el suelo, junto al sofá. Me giré frente a ti, ante la atenta mirada de ojos perdidos, que solo el placer nos da a todos.  Coloqué mi pipa, y mi trasero a la altura de tu cara, y dejando caer mi cabeza sobre tu cuerpo, decidí terminar el trabajo que había empezado.


Mientras tu falo se tensaba entre las caricias de mis dedos y la ventosa de mis labios esparciendo tus dobleces, podía sentir como tus labios se apoderaban de mi coño. Tus manos apoyadas en el suelo, eran el único núcleo de realidad tangible, que iba más allá del placer que intentábamos darnos. Notabas como mi coño lubricada por momentos, a la vez que tu rabo concentraba más presión entre los surcos de tus venas. Gemías del gusto sobre mi sexo, y yo ahogaba gruñidos de placer sobre el tuyo. 

Apoyando tus manos sobre mi trasero me forzaste a girar sobre mí misma. Te subiste a la cama, sin dejar de mirarme extasiado. Adoraba sentirme así de poderosa. Me subí sobre ti, despacio y sin perder el contacto visual. Me coloqué sobre tu falo y me deje caer, gritando del gusto, mientras me abrías en canal para ti. Comencé a moverme entorno a tu empale, al ritmo que marcaban nuestros ojos. Los míos apuntando ahora al cielo y los tuyos a mi cara de placer y al vaivén de mis tetas.


Sin tocarme podía sentir las caricias de tus ganas, los surcos de tu placer dibujando pliegues en mi vagina contraída para acariciarte en cada viaje. Arriba y abajo, ahí, y más, gruñidos, jadeos y respiraciones entrecortadas, se sucedían entre el movimiento del colchón. Podía notar como tu rabo, duro acrecentaba tu tensión eterna, atento a cada uno de mis saltos sobre tu longitud. Sentías que estabamos cerca, ambos; y me detuviste, como buen follador. Me levantaste sobre tu rabo y lo sacaste de mí, húmedo y empapado de mis ganas. 

Serpenteaste sobre mi cuerpo, mientras yo me sujeté de rodillas y erguida, no sin cierta dificultad, por lo cachonda que estaba, sobre la cama. Colocaste tu rostro entre mis muslos y comenzaste a meterme, ahora no tu polla, sino tu lengua en la vagina. Grité del gusto al notar como tu aliento humedecía mi "mojado". Jadee al sentir como te recreabas en el sabor de mi coño. 


Podía sentir el roce de tu barba de dos días entre mis labios inferiores y como tu lengua y tu saliva me empapaba todavía más, volviéndome loca. Quizá estuvimos segundos, o tal vez horas, jugando con mi coño, con mi sexo y mi deseo. Tus manos abrazadas a mis piernas y tu lengua relamiendo mis paredes. Cada vez más juguetona, cada vez más rápido, me barrías por dentro. 

Sabías que estaba a punto, y te regustabas con mayor destreza. Mis rodillas no aguantaban y cada vez más, el peso de mi coño oscilaba más profundamente sobre tu cara. Podía notar como tu nariz se empapaba de mi olor, y como cada vez respirabas y penetrabas más en mí; hasta que me dejé caer sobre tu rostro, empapada, convulsa y extasiada, mojándote la cara de mi corrida, al tiempo que tu disfrutabas embebiéndote más de mí.

Cuándo recuperé el aliento me desplacé despacio sobre ti. Sin perder de vista la tersura de tu rabo. Me giré sobre tu cuerpo y comencé a restregar la humedad de mi coño sobre tu abdomen, a cuatro patas sobre tu torso. Me abría los labios rozando con tu piel y te mojaba. Tu cadera, apenas podía controlar los golpes inconscientes, buscando mi agujero. Me coloqué en el vértice, mirándote y sujetando tu cadera con los muslos. Sonreías de placer como yo lo hacía de gusto. Y volví a dejarme caer sobre tu falo. Mis movimientos fueron rápidos. Como los tuyos. Llegábamos a mi fondo, abriéndome con cada envite. Estabas  a tope y adoraba tenerte así.




Mis pechos rozaban tus labios ante cada nuevo baile de nuestros cuerpos sobre la cama. Tu rabo al fondo y mi vagina abierta a recibirte. Jadeos entrecortados y gruñidos de placer, entre los fluidos de rabo y coño y el sudor de dos pieles restregándose del gusto. Hasta que con un gruñido final, me empapaste de tu leche, sin dejar de moverte y de moverme en el mismo compás, alargando tu orgasmo y provocando de nuevo el mío, alrededor de tu polla. Arriba y abajo, cada vez más lento, bombeando sobre nuestras corridas, hasta que me dejé caer sobre ti.

Exhaustos permanecimos así, encajados, al menos media hora, respirando y sin mediar palabra. 
Confirmé que no me había equivocado, una de los mejores folladores que he conocido y además supe que este sería el preludio de una buena amistad... aquí también iba a necesitarlo...